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El Obispo preside una Eucaristía con los religiosos y religiosas por la Vida Consagrada

Las religiosas y religiosos de la CONFER se reunieron ayer en una Eucaristía por la Vida Consagrada que tuvo lugar en la Santa Iglesia Catedral de Murcia y que estuvo presidida por nuestro Obispo de la Diócesis, Mons. José Manuel Lorca Planes.

El Sr. Obispo alentó a los congregados a continuar “unidos a Pedro, mirando en la misma dirección que mira la Iglesia, tras las huellas de Jesucristo, con las inquietudes apostólicas de vuestros fundadores y en comunión con el Obispo de esta Iglesia que os quiere y os necesita”.

Nuestro Pastor explicó que, pertenecer totalmente a Cristo quiere decir “arder con su amor incandescente, quedar transformados por el esplendor de su belleza”. “Pertenecer al Señor, porque Dios te ha llamado con nombre y apellidos, esta es la misión de los hombres y mujeres que han optado por seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que el mundo crea y se salve”- expresó.

Que la Virgen Santísima acoja bajo su manto a todos estos religiosos y religiosas, guiándoles con su Corazón maternal y haciéndoles vivo reflejo de su Hijo Jesucristo.



Homilía de Mons. Lorca Planes en el Encuentro de religiosas y religiosos de la CONFER


Queridos hermanos religiosos/as,

Bienvenidos a esta Iglesia catedral, primer templo de la Diócesis, una Iglesia que camina por estas tierras de la Región anunciando el amor de Dios desde el s. I. La tradición nos invita a contemplar al apóstol Santiago entrando por el puerto de la ciudad de Cartagena predicando el Evangelio y diciéndonos que Dios nos quiere y nos ofrece la Vida eterna. La misma historia nos confirma el gran papel evangelizador que han tenido los religiosos y religiosas con el testimonio de una vida santa y otros habiendo derramado su sangre en el martirio han sellado la fidelidad incondicional a Nuestro Señor. Ninguna vida ofrecida a Dios ha sido inútil, ni ha quedado esteril su trabajo, porque hoy estamos recogiendo tantos frutos.

Os invito a todos hermanos a escuchar con atención la Palabra de Dios de hoy. La Palabra de Dios siempre viva, con respuestas para todas las situaciones que le afectan al hombre. El evangelio de esta semana nos muestra cómo hace las cosas Dios, que sale al encuentro, nos regala el remedio de nuestros males y derriba las trabas que nos impiden seguir caminando. Vemos cómo, antes como ahora, muchos seguían a Jesús para escucha su palabra. Os pido que detengáis vuestra atención en el Señor y cómo él lleva la iniciativa : se acerca a unos pescadores cansados y derrotados, porque han estado faenando toda la noche sin pescar nada; Él se monta en una de las barcas y les pide que le retiren un poco de tierra para poder hablar a la gente… ¡ellos obedecen!; luego les manda que remen mar adentro y echen las redes… ¡les pide esto a quienes han terminado sin pescar nada! y le obedecen. Está claro que la escucha de la Palabra del Señor les preparó para obedecer. Esta es una buena lección que aprendemos, que la obediencia a Dios viene de la confianza, de la escucha de su Palabra, de hacer silencio interior, para poderle oír… y dejarse llevar.

Desde esta sede doy gracias a Dios por todos vosotros, hermanos religiosos y religiosas, en vuestras responsabilidades de servicio pastoral en las parroquias y comunidades y os aliento a seguir unidos a Pedro, mirando en la misma dirección que mira la Iglesia, tras las huellas de Jesucristo, con las inquietudes apostólicas de vuestros fundadores y en comunión con el Obispo de esta Iglesia que os quiere y os necesita. Es un motivo muy hermoso de acción de gracias la riqueza de vuestros carismas y la riqueza que suponen para todos. Compartimos muchas inquietudes, especialmente la necesidad de orar juntos por los jóvenes, para que descubran a Cristo en sus vidas y llamen a la puerta de vuestras casas pidiendo poder entregarse al Señor, como testigos, en la radicalidad del Evangelio.

Nuestra Iglesia es grande y tiene infinitas posibilidades para el trabajo apostólico, no hemos perdido la esperanza, somos capaces de animar y de proponer, de recordar la razón de ser de la vida consagrada, de ayudar a las personas que se nos han confiado a corresponder con una fidelidad siempre nueva a la llamada del Espíritu. Esta tarea vuestra con frecuencia va acompañada por la Cruz y a veces también por una soledad que exige un sentido profundo de responsabilidad, una generosidad que no conoce desfallecimiento y un constante olvido de vosotros mismos. Estáis llamados a apoyar y guiar a vuestros hermanos y a vuestras hermanas en una época que no es fácil, caracterizada por muchas insidias, decía el Papa Benedicto XVI. Los consagrados y las consagradas, los sacerdotes y laícos tenemos hoy la tarea de ser testigos de la transfigurante presencia de Dios en un mundo cada vez más desorientado y confundido, un mundo en el que los matices han sustituido a los colores sumamente claros y destacados. Mirar a nuestro tiempo con los ojos de la fe significa ser capaz de mirar al hombre, al mundo y a la historia a la luz de Cristo crucificado y resucitado, única estrella capaz de orientar nuestras vidas. Somos conscientes de que nuestra misión es grande, hermosa, necesaria y sacrificada. No vamos a decaer en el empeño

Decía también el Papa a los religiosos: Una condición previa del seguimiento de Cristo es la renuncia y el despego de todo lo que no es de Él. El Señor quiere hombres y mujeres libres, que no estén condicionados, capaces de abandonarlo todo para encontrar sólo en Él su todo. Se necesitan opciones valientes, a nivel personal y comunitario, que impriman una nueva disciplina a la vida de las personas consagradas y las lleven a redescubrir la dimensión integral del seguimiento de Cristo. Pertenecer totalmente a Cristo quiere decir arder con su amor incandescente, quedar transformados por el esplendor de su belleza: nuestra pequeñez se le ofrece como sacrificio de suave fragancia para que se convierta en testimonio de la grandeza de su presencia. Lo que hemos visto en el Evangelio de hoy, la experiencia de Pedro, ante los signos que ha hecho el Señor, es muy significativo a aleccionador: lo que les ha sucedido es muy grande, que no puede venir sino de Dios y, Pedro, ante la cercanía y grandeza de Dios no se siente digno, sino pequeño, le horrorizan sus pecados. Pedro ha reconocido que ha tenido un extraordinario privilegio y no quiere mancharlo a causa de sus culpas y debilidades, por eso le dice que se aleje de él, cree que puede mancharlo… y Jesús le vuelve a dar motivos de confianza.

Pertenecer al Señor, porque Dios te ha llamado con nombre y apellidos, esta es la misión de los hombres y mujeres que han optado por seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que el mundo crea y se salve. Ser totalmente de Cristo siendo una permanente confesión de fe, una inequívoca proclamación de la verdad que libera de la seducción de los falsos ídolos que deslumbran al mundo. Ser de Cristo significa mantener siempre ardiente en el corazón una llama viva de amor, alimentada continuamente por la riqueza de la fe, no sólo cuando lleva consigo la alegría interior, sino también cuando va unida a las dificultades, a la aridez, al sufrimiento. El alimento de la vida interior es la oración, íntimo coloquio del alma consagrada con el Esposo divino. Un alimento más rico todavía es la cotidiana participación en el misterio inefable de la divina Eucaristía, en la que se hace presente constantemente Cristo resucitado en la realidad de su carne.

Os deseo de corazón que el embrujo de esta tierra os seduzca y potencie vuestro Sí al Señor, que os sintáis útiles y necesarios para vuestros hermanos, donde quiera que estéis, que seáis signos creíbles y luminosos del Evangelio, actualizando todos los días el carisma especial de vuestros fundadores y podáis indicar, con vuestro testimonio de vida, la puerta de la salvación a todos los hombres. Que no os puedan las dificultades, ni la amenaza de una edad avanzada, ni los desánimos por la cultura secularista o laicista… porque el tesoro del que sois portadores, por la gracia de Dios es más importante de lo que se pueda imaginar el mundo. Adelante, aunque os critiquen; adelante, aunque seáis incomprendidos; adelante, aunque el mundo se ría de vosotros y os llamen locos o necios; adelante siempre que quién es el camino, la verdad, la puerta y la Vida es Dios, Dios con nosotros, que ha plantado su tienda entre nosotros y nos repite todos los días: no tengáis miedo, que yo he vencido al mundo. No tengáis miedo, auque la barca parezca que va a volcar, Él está con nosotros.

Os ruego que le llevéis a vuestros hermanos de comunidad, que no han podido venir nuestro aprecio y estima, saludadles en mi nombre y tened la seguridad que rezaré a Dios por vosotros, porque vuestros nombres ya están tatuados en la piel de esta Iglesia en color verde esperanza.

Que Dios os bendiga.


+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena y
A.A. de Teruel y de Albarracín

Redactor: medios
08 - Febrero - 2010, 11:12:21 AM

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